jueves, 2 de diciembre de 2010

Turno de noche

 Cae la noche en la ciudad. Las luces de las farolas empiezan a iluminar la quimera de la noche, la tenebrosa noche que se disfraza entre las luces.
 Un susurro de viento acaricia su rostro, ondea un mechón de su cabello. Cierra los ojos en un parpadeo lento y respira profundamente, le gusta sentir como entra en sus pulmones el helado aire de la noche.
 La espera se hace larga cuando no esperas a nadie, cuando el próximo cliente ya se toma su última cerveza o cuando la cerveza que toma es la última.
 La última.
 La noche es larga cuando ese cliente anónimo que no llega está ya durmiendo en su cama, abrazado a su mujer en el sucio lecho donde se dilucidan sus temores, donde noche a noche se envilecen. Se embrutecen.
 Para un coche. Desde la ventanilla entreabierta alguien solicita una cifra. –Cincuenta. – ¿La chupas a pelo?-Sí. –Sube.
Entra. El calor del coche la hace consciente del frío en sus huesos. Se detienen en el arcén, en la cuneta, en la cuneta de la vida, de la suya. Es su sino.
-¿Me pagas? –Toma. -¿Te la chupo? –Sí, cielo. Venga…. ¡Oh, nena!
 Sabores acres para paladares selectos. Chupa pero no traga. Se atraganta.
Mecánicamente, ritmo y cadencia. Una boca hábil despierta pasiones.
Descarga su hastío, su crema templada en la boca de la chica, ella le mira… su boca goteando…
Un estilete de filo endiablado aparece en su mano, el frío acero se templa al contacto de la sangre caliente y el cuello del hombre… llora, gotea, mana.
 Una mano delicada aligera la cartera del despojo. Abandona el cochw, caliente, al salir, vuelve el frío. Sigue la vida.
Ella seguirá en la calle, cada noche, en su cuerpo, lleva golpes, en su vida, más golpes. Y, de vez en cuando, cada cierto tiempo, se seguirá tomando la licencia de cobrarse su víctima, de administrarse justicia con una pizca de malvada satisfacción. Sin remordimientos.
 Sigue la vida.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Buscando(te)

Y un día más te busqué, a ti, que aún no tienes nombre, ni un color de ojos definidos, ni una edad exacta.

Pero existes.

Y te encontraré.

Inténtalas parar

Hay un último olor.
El olor de la esperanza,
De la oportunidad,
Del cambio,
Del redescubrimiento.
El olor de una noche,
Confundido entre tanta gente,
Entre tanto alcohol.
La llamada.
No solo el cuerpo.
La cabeza, las manos, la realidad,
El amparo ansiado,
El tacto sincero,
Las palabras tiritas,
Ensalzadoras.
Mi anestesia.
¿Algo nuevo?
¿Real o clavo ardiendo?