martes, 15 de marzo de 2011

Mis odios

  • Odio el contacto físico con extraños en lugares públicos, en especial en el transporte. No importa el género del invasor. ¡No me toquen!
  • Si voy de visita a una casa en donde hay una repisa con muñequitos desordenados, haré lo imposible para, sigilosamente, acercarme y formar una hilera perfecta. ¡Tomando distancia, señores!
  • Los archivos del ordenador deben tener todos, sin distición de raza ni credo, su respectiva extensión en letras minúsculas. Con los mp3 soy especialmente riguroso: Todos deben, además de tener el nombre del intérprete perfectamente escrito, la fecha del año en que se editó originalmente el disco y el nombre del álbum. Buscar esa fecha me encanta.
  • Después de tomar una ducha, el baño debe quedar en impecables condiciones. Con sus azulejos y cerámicas perfectamente secos y libres de cualquier elemento perturbador como toallas recién usadas, bultos de ropa para lavar o botes de cahmpú chorreados. Ni hablar del espejo, quien debe ser una invitación a usar anteojos negros.
  • Detesto el contaco físico también en el trabajo. Me resultan asquerosamente insoportables aquellos que vienen a preguntarte algo y que, a modo de empatía, te apoyan la mano en el hombro o similar, o te ponen cara de oveja degollada cuando requieren de los conocimientos de uno para salir de una duda.
  • Me muerdo los labios cuando estoy nervioso ¿y qué?
  • Es in-so-por-ta-ble estar conversando con alguien y que ese alguien esté tac-tac-tac-tac-tac, tipeando sms's con el puto teléfono cada dos minutos. Me dan ganas, demasiadas ganas de meterles el maldito teléfono por un sitio concreto y que se les salga por la oreja.
  • Absolutamente deleznable es conversar con alguien que no para de mascar chicle.
  • El dentífrico se utiliza de abajo para arriba, apretar en cualquier lado el envase es signo inequívoco de un desorden psicológico grave.

Quitando estos detalles y cierta tendencia hacia la misantropía, soy , simplemente;
Daniel (que no Dani).

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